El informe de referencia SOLAW 2025 nos recuerda que los recursos para la alimentación no son infinitos
En el informe se presentan estrategias para producir más alimentos —y de mayor calidad— destinados a una población en crecimiento, al tiempo que se vela por una gestión responsable y resiliente de la tierra, el suelo y el agua.
©FAO/Marco Longari
Roma. En un nuevo informe emblemático, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte de que, para alimentar a una población que se prevé que en 2050 alcance los 10 000 millones de personas, será necesario adoptar decisiones audaces y más inteligentes en cuanto a la forma en la que el mundo gestiona su tierra, suelo y agua.
En la última edición del informe El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura (SOLAW 2025), que se publicó el lunes, se subraya que estos recursos esenciales son finitos. Salvaguardarlos es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria mundial ahora y durante los próximos decenios.
Bajo el lema “El potencial para producir más y mejor”, en el informe se destacan las grandes posibilidades —a menudo ignoradas— de los recursos de tierras y aguas para contribuir al aumento sostenible de la producción de alimentos. Además, se presentan estrategias para producir más alimentos —y de mayor calidad— destinados a una población en crecimiento, al tiempo que se garantiza una gestión responsable y resiliente de la tierra, el suelo y el agua.
En 2024 se estimó que 673 millones de personas sufrían hambre, y muchas regiones continúan enfrentándose a emergencias alimentarias graves y recurrentes. Estas presiones se intensificarán a medida que la población mundial se acerque a los 9 700 millones de aquí a 2050, lo que exigirá que la agricultura produzca un 50 % más de alimentos, piensos y fibra que en 2012, además de que será necesario un 25 % más de agua dulce.
El desafío central: producir más con menos
En los últimos 60 años, la producción agrícola mundial se triplicó con tan solo un aumento del 8 % de las tierras agrícolas, pero el costo ambiental y social fue significativo. Según los datos de la FAO, en la actualidad más del 60 % de la degradación de la tierra debida a la actividad humana se produce en terreno agrícola.
En el informe se destaca que ya no es viable ampliar la superficie agrícola. Por ejemplo, la tala de bosques o la adaptación de ecosistemas frágiles perjudicaría a la biodiversidad y las funciones ecosistémicas esenciales de las que depende la propia agricultura.
Existen soluciones, pero se debe actuar rápido
En la edición de 2025 del SOLAW se presentan recomendaciones basadas en la ciencia para la utilización y gestión sostenibles de los recursos de tierras, suelos y aguas.
En el informe se indica que el mundo tiene el potencial de alimentar a una población de hasta 10 300 millones de personas de aquí a 2085, año en el que se prevé que la población mundial alcance su máximo. Sin embargo, lograrlo dependerá de la forma de producir los alimentos, así como de los correspondientes costos ambientales, sociales y económicos.
En consecuencia, para obtener un aumento de la productividad en el futuro se requerirá una producción más inteligente y no simplemente más cuantiosa. Esto significa reducir las brechas de rendimiento (esto es, la diferencia entre el rendimiento que se obtiene actualmente y el que podría alcanzarse), diversificar los cultivos mediante variedades resilientes y adoptar prácticas que estén adaptadas al entorno local, que utilicen los recursos de manera eficiente y que sean adecuadas para las condiciones de las aguas, las tierras y los suelos.
La agricultura de secano —de la que dependen millones de pequeños agricultores— ofrece oportunidades clave. Se puede aumentar significativamente la productividad ampliando la escala de la agricultura de conservación, los cultivos tolerantes a la sequía y las prácticas de resiliencia a la sequía, como la conservación de la humedad del suelo, la diversificación de cultivos y el compostaje orgánico. Estas prácticas pueden fortalecer la seguridad alimentaria de millones de pequeños productores y, al mismo tiempo, mejorar la salud del suelo y la biodiversidad en las explotaciones agrícolas.
Los sistemas integrados, como la agroforestería, el pastoreo rotativo y la mejora del forraje, así como la piscicultura en arrozales, ofrecen vías adicionales para lograr una intensificación sostenible.
El potencial para aumentar considerablemente la productividad es especialmente elevado en las regiones en desarrollo. Por ejemplo, en el África subsahariana, el rendimiento de los cultivos de secano actualmente apenas se sitúa en el 24 % del potencial que podría alcanzarse con las condiciones de gestión adecuadas.
En el informe se hace hincapié en que no existe un único camino, ni una solución única. Para encontrar soluciones sostenibles se necesitan políticas coherentes, una gobernanza sólida, el acceso a los datos y la tecnología, innovaciones, sistemas de gestión de riesgos y una financiación e inversión sostenibles, así como el fortalecimiento de la capacidad de las distintas instituciones y comunidades.
En un contexto en el que la crisis climática está redefiniendo dónde y cómo pueden cultivarse alimentos, “nuestras elecciones de hoy sobre la gestión de los recursos de tierras y aguas definirán nuestra respuesta a las demandas actuales y futuras, mientras continuamos protegiendo el mundo para las generaciones futuras”, escribe el Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO, en el prólogo del informe.
De cara al futuro
En 2026, los tres convenios de Río —a saber, el Convenio sobre la Diversidad Biológica , la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático— celebrarán conferencias importantes. El informe SOLAW 2025 ofrece soluciones que se inscriben en las tres esferas, lo que constituye una base común para la gestión integrada y sostenible de la tierra, el suelo y el agua con miras a establecer sistemas agroalimentarios resilientes.
Las soluciones relacionadas con la tierra, el suelo y el agua son fundamentales para la seguridad alimentaria, la nutrición, el bienestar humano y los objetivos de sostenibilidad mundial.
Nicholas Rigillo Oficina de Prensa, FAO [email protected]
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