Llega El Niño. He aquí los lugares donde los riesgos para la agricultura son más elevados.

Los expertos de la FAO elaboran el mapa de las zonas donde los cultivos y los pastizales presentan una mayor vulnerabilidad ante la sequía

@FAO/Michael Tewelde

La aldea Bule-Gola, en la región etíope de Oromia, después de cinco malas temporadas de lluvias consecutivas

©FAO/Michael Tewelde

22/06/2026

Roma - Es probable que dentro de unas semanas empiece una nueva fase de El Niño, ante lo que la agricultura de todo el mundo se pone en alerta. Gracias a los nuevos análisis de los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es posible cartografiar de manera pormenorizada dónde hay más probabilidades de que las sequías causadas por El Niño afecten a los cultivos y los pastizales.

Cuando la Organización Meteorológica Mundial pronostica un ciclo de intensidad mayor a la habitual, los análisis de la FAO, basados en imágenes históricas obtenidas por satélite a lo largo de 41 años en su Sistema del índice de estrés agrícola, indican los lugares donde los episodios de El Niño-Oscilación del Sur fuertes o muy fuertes tienden a causar las sequías más graves.

Los mayores riesgos se concentran en el Sahel, el África austral, Asia meridional y sudoriental, el Corredor Seco de América Central y el Caribe, donde durante los próximos meses las probabilidades de sequía en algunas zonas agrícolas y de pastizales superan el 50 %.

Muchas de esas mismas regiones se vieron muy afectadas durante los episodios de El Niño de 2015‑16 y 2023‑24. Los ciclos de El Niño ponen de manifiesto las mismas vulnerabilidades y tienden a provocar malas cosechas, pérdidas de ganado, un aumento del endeudamiento de los hogares y migraciones en busca de alimentos y agua. Solo en 2015‑16, El Niño afectó a más de 60 millones de personas y dio lugar a llamamientos humanitarios por valor de 5 000 millones de USD en 23 países.

En la actualidad, los riesgos apuntan al alza, ya que los fenómenos climáticos extremos confluyen cada vez más con los conflictos y las dificultades económicas. “Este ciclo de El Niño no es como los anteriores. Ahora la temperatura del planeta es mucho más alta y, con la generalización de los conflictos y la inseguridad alimentaria, esta nueva fase afectará más a lugares que son ya vulnerables y tienen una capacidad de afrontamiento limitada”, dijo el Sr. Jorge Alvar-Beltrán, Oficial de recursos naturales de la FAO.

El mapa señala las zonas a las que debe darse prioridad para la adopción de medidas de acción temprana antes de que los pronósticos se conviertan en pérdidas. En respuesta a la creciente amenaza, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han impulsado un llamamiento conjunto de acción anticipatoria con el fin de recaudar 202 millones de USD para proteger a 8,8 millones de personas en 22 países de alto riesgo frente a los posibles efectos de un patrón meteorológico de El Niño de gran intensidad. El llamamiento tiene por objeto ampliar las intervenciones tempranas, entre ellas el apoyo a los agricultores y los pastores, la asistencia en efectivo anticipada y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana antes de que las sequías, las inundaciones y las tormentas se conviertan en situaciones de emergencia humanitaria.

Los lugares más expuestos

El riesgo rara vez se debe únicamente al déficit de precipitaciones. Una sequía moderada puede tener efectos devastadores en lugares que ya se enfrentan a conflictos y hambre crónica, donde los cultivos dependen por completo de las lluvias, los ingresos de los hogares se sustentan principalmente en la ganadería y las familias tienen poco margen de recuperación. Se prevé que más del 80 % de los efectos de las sequías en la agricultura incidan en los países de ingresos medios y bajos. “Un agricultor puede perder primero su cosecha, luego el ganado y, con eso, todos sus medios de subsistencia”, declaró el Sr. Alvar-Beltrán. “Con los efectos en cascada de múltiples crisis ya visibles, existe una necesidad apremiante de actuar de manera anticipada”.

En el Sahel, la inseguridad alimentaria se ha agravado durante cinco años consecutivos, mientras que los conflictos siguen desplazando a la población y limitando el acceso a las comunidades vulnerables. Los mapas indican una amplia franja de sequía agrícola que se extiende desde el Senegal y el sur de Mauritania, atraviesa Côte d’Ivoire, Ghana, el Togo, Benin y Nigeria y llega por el este hasta Etiopía y el Sudán.

En África austral, las señales son más acusadas. El ciclo más reciente de El Niño causó la peor sequía registrada en la región en más de un siglo, dejó a 61 millones de personas necesitadas de asistencia, ejerció presión sobre el ganado, los sistemas hídricos y los pastizales y sumió a más de ocho millones de personas en la inseguridad alimentaria. Los pronósticos de la FAO indican una probabilidad de sequía agrícola superior al 50 % en amplias zonas de Namibia y Botswana, que se extiende a Angola, Zambia, Zimbabwe, Sudáfrica y partes de Mozambique y Madagascar. En una región donde la ganadería sustenta tanto la seguridad alimentaria como los ingresos de los hogares, la pérdida de pastos enseguida se convierte en una pérdida de activos y riqueza.

En América Central y el Caribe, los riesgos de sequía pueden traducirse rápidamente en hambre. El fenómeno de El Niño de 2015‑16 dejó a 3,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco de América Central, mientras que, en Haití, las cosechas se redujeron hasta en un 70 %, con lo que la inseguridad alimentaria se duplicó en cuestión de meses. Los pronósticos actuales indican una probabilidad del 70 % de precipitaciones inferiores a lo normal en toda la región. El riesgo de sequía agrícola es mayor en el Corredor Seco, Colombia y Venezuela, así como en Cuba, la República Dominicana y Haití.

En Asia, el riesgo se extiende a mercados mundiales de vital importancia. El Niño puede debilitar el monzón de verano en gran parte de la India, lo que someterá a estrés hídrico los cultivos de secano como el arroz y el maíz durante la temporada de crecimiento decisiva. En 2015, la producción de maíz y arroz disminuyó en los principales países productores, con lo que subieron los precios de los cultivos de productos alimenticios clave. En esta ocasión, el riesgo de sequía agrícola abarca desde el Pakistán y la India hasta Myanmar, Tailandia, Camboya y Viet Nam, y hacia el este, también Filipinas, Indonesia y Timor-Leste.

Algunos de los países a los que se considera muy expuestos a las perturbaciones causadas por El Niño también ocupan un lugar destacado en el último análisis sobre los puntos críticos del hambre de la FAO y el PMA, lo que subraya la creciente interacción entre las perturbaciones climáticas y los conflictos y las dificultades económicas, situación que agrava la inseguridad alimentaria aguda.

Un mapa para la acción

Cuando el riesgo se detecta temprano y a escala local, los agricultores y los pastores pueden tomar decisiones vitales con respecto a la siembra y la gestión ganadera antes de que la temporada de crecimiento esté plenamente en marcha: el aplazamiento de la siembra, la elección de cultivos tolerantes a la sequía, el almacenamiento de forraje para el ganado y el afianzamiento de reservas hídricas adicionales antes de que empiece la escasez.

En algunas zonas, los análisis de la FAO pueden acotar la evaluación del riesgo a una superficie de un solo kilómetro cuadrado. Pero convertir la precisión en protección conlleva establecer vínculos entre los servicios hidrológicos y meteorológicos nacionales, los ministerios de Agricultura y las redes de extensión, a fin de que las alertas lleguen a los agricultores a tiempo. “Este nivel de detalle cambia las posibilidades de acción de los gobiernos”, afirmó el Sr. Riccardo Soldan, Oficial de recursos naturales de la FAO. “Para evitar la insuficiente distribución de los recursos, se puede concentrar la ayuda en los puntos críticos y dirigir las transferencias de efectivo, el apoyo relativo al riego y el agua, los piensos para el ganado y otros insumos esenciales hacia las zonas de mayor riesgo.”

Ya se ha demostrado que actuar antes de que se produzcan las pérdidas puede dar resultado. En África austral, antes de El Niño de 2023‑24, una iniciativa regional de precampaña destinó casi 31 millones de USD de ayuda a más de dos millones de personas de siete países, con lo que les proporcionó semillas, apoyo a la ganadería y mejores pronósticos a través de sistemas de alerta temprana. En América Central, la distribución oportuna de semillas tolerantes a la sequía y con un ciclo de crecimiento corto ayudó a las familias a producir hortalizas, lo que mejoró el suministro de alimentos a los hogares y redujo la probabilidad de que las familias recurrieran a mecanismos de supervivencia negativos, como vender activos o saltarse comidas.

Los análisis de la FAO pueden ayudar a los gobiernos y los asociados a decidir dónde actuar primero, qué apoyo es más urgente y qué comunidades están peor equipadas para hacer frente a otra mala temporada.

El Niño se está formando, y los mapas están claros. Lo que suceda a continuación depende de la rapidez con que se adopten las decisiones.

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