Declaración de los jefes del Comité Permanente entre Organismos sobre la situación en el Territorio Palestino Ocupado
El riesgo de hambruna persiste con todos los 2,1 millones de residentes aún en necesidad urgente de alimentos y asistencia para sus medios de vida, ya que el acceso humanitario sigue siendo restringido.
©FAO
NUEVA YORK/GINEBRA/ROMA/WASHINGTON – Con motivo de la reunión de los líderes mundiales en Nueva York para el 79.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y a medida que se perfila la amenaza de una mayor escalada regional, reiteramos nuestra exigencia para que se ponga fin al terrible sufrimiento humano y la catástrofe humanitaria en Gaza.
Lamentamos la pérdida de vidas inocentes en todos los lugares, incluidas las personas asesinadas el 7 de octubre y durante los 11 meses que llevamos de conflicto desde entonces.
Pedimos urgentemente un alto al fuego permanente, inmediato e incondicional. Es la única manera de acabar con el sufrimiento de los civiles y salvar vidas.
Todos los rehenes y las personas detenidas arbitrariamente deben ser liberados de forma inmediata y sin condiciones.
El personal humanitario debe tener un acceso seguro y sin restricciones a las personas necesitadas.
No podemos hacer nuestro trabajo en un contexto de necesidad abrumadora y violencia persistente. Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, más de 41 000 palestinos en Gaza —la mayoría de ellos civiles, en particular mujeres, niños, personas mayores y, en ocasiones, familias enteras— han sido asesinados y más de 95 500 han resultado heridos. Se calcula que una cuarta parte de los heridos en Gaza, lo que supone unas 22 500 personas, necesitará rehabilitación especializada y cuidados de por vida, por ejemplo, las personas con lesiones graves en las extremidades, amputaciones, daños en la médula espinal, traumatismos craneoencefálicos y quemaduras graves.
Más de dos millones de palestinos carecen de protección, alimentos, agua, servicios de saneamiento, refugio, asistencia médica, educación, electricidad y combustible, es decir, las necesidades básicas para sobrevivir. Las familias se han visto obligadas a desplazarse una y otra vez, de un lugar inseguro al siguiente, sin opciones de escapar.
La dignidad, la seguridad, la salud y los derechos de las mujeres y las niñas han quedado gravemente afectados.
El riesgo de hambruna se mantiene. Los 2,1 millones de residentes todavía necesitan ayuda alimentaria y para los medios de vida con carácter urgente habida cuenta de que el acceso a la asistencia humanitaria sigue estando restringido.
La asistencia médica se ha visto diezmada. Se han registrado más de 500 ataques contra la atención sanitaria en Gaza.
Los centros de ayuda se han visto obligados a trasladarse y reinstalarse una y otra vez; los convoyes que transportaban ayuda esencial para salvar vidas se han enfrentado a disparos, retrasos y la denegación del acceso; y se ha asesinado a un número sin precedentes de trabajadores de socorro. El número de trabajadores humanitarios asesinados en Gaza en el último año es el más alto que se haya registrado en una sola crisis.
El uso innecesario y desproporcionado de la fuerza en la Ribera Occidental, unido a la intensificación de la violencia de los colonos, las demoliciones de viviendas, el desplazamiento forzado y las restricciones discriminatorias a la circulación, ha aumentado el número de víctimas mortales y heridos.
La guerra también está poniendo en peligro el futuro de todos los palestinos y acabando con las esperanzas de una posible recuperación.
Mientras tanto, sigue habiendo cerca de 100 rehenes en Gaza y los que han sido liberados declaran haber sido víctimas de malos tratos, incluidas agresiones sexuales.
El comportamiento de las partes durante el último año supone una burla a su compromiso de cumplimiento del derecho internacional humanitario y las normas mínimas de humanidad que en él se exigen.
Hay que proteger a los civiles y satisfacer sus necesidades esenciales. Debe exigirse la rendición de cuentas por las graves violaciones del derecho internacional humanitario y de derechos humanos.
Las organizaciones humanitarias y de asistencia han estado haciendo todo lo posible para proporcionar ayuda en Gaza y la Ribera Occidental, a menudo corriendo un gran riesgo personal, y muchos trabajadores humanitarios han pagado el precio más alto.
Nuestra capacidad de ejecución es indiscutible si contamos con el acceso que necesitamos. La primera ronda de la campaña de vacunación contra la poliomielitis, que benefició a más de 560 000 niños menores de 10 años, no es más que un ejemplo. La segunda ronda de vacunación debe llevarse a cabo de forma segura y llegar a todos los niños de Gaza.
Instamos a los líderes mundiales, una vez más, a ejercer su influencia para garantizar el respeto del derecho internacional humanitario, el derecho internacional de derechos humanos y las decisiones de la Corte Internacional de Justicia a través de la presión diplomática y la cooperación a fin de acabar con la impunidad.
Seamos claros: la protección de los civiles es un principio fundamental para la comunidad mundial y redunda en interés de todos los países. Permitir que se mantenga la terrible espiral descendiente provocada por esta guerra en el Territorio Palestino Ocupado tendrá consecuencias mundiales inimaginables.
Hay que poner fin a estas atrocidades.
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