Para la comunidad baka de Mayos —una aldea de la zona oriental del Camerún—, el cambio climático ha tenido una profunda repercusión. La caza y la recolección en el bosque ya no son suficientes para garantizar su seguridad alimentaria y nutricional. © FAO/Glen Amungwa
En el extenso bosque ecuatorial del Camerún oriental, el pueblo baka ha vivido durante siglos en armonía con el medio ambiente, cazando y recolectando y contando con la abundancia de la naturaleza para su alimentación y modo de vida.
Pero en los últimos años, diversos acontecimientos han llevado al aumento de la presión sobre los recursos naturales. Las frecuentes perturbaciones climáticas —como las sequías e inundaciones—, la inestabilidad económica, la invasión de territorios y los conflictos —tanto dentro del país como en la vecina República Centroafricana— han provocado una afluencia masiva de refugiados y desplazados internos.
Para los baka que viven en Mayos, una aldea del distrito de Dimako con casi 600 habitantes, la repercusión ha sido profunda. La escasez de alimentos ha supuesto largas caminatas por el bosque. Los niños han faltado a la escuela para acompañar a sus padres en busca de hojas de yuca, a veces caminando más de 50 kilómetros. Los ancianos baka temen que sus conocimientos tradicionales estén desapareciendo, sin alternativa clara.
“Hoy vivimos de la agricultura, pero no siempre fue así. Nuestros padres vivían de la caza, la recolección y la búsqueda de alimentos”, recuerda Dieudonné Noutcheguenou, anciano del pueblo baka de Mayos.
Nuevas oportunidades para la resiliencia
Entre abril de 2024 y junio de 2025, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con el Gobierno del Camerún y con financiación del Banco Mundial, puso en marcha el Proyecto de emergencia para luchar contra la crisis alimentaria en el Camerún (PULCCA), que ofrece capacitación sobre nuevas opciones de producción de alimentos para los hogares más afectados por las perturbaciones climáticas.
En Mayos, el pueblo baka recibió apoyo estructurado y participativo que combinaba los conocimientos tradicionales con las técnicas agrícolas modernas. Se distribuyeron lotes de producción que incluían esquejes de plátano y yuca, plantones de ñame, pequeños rumiantes y aves de corral. Se impartieron más de 30 sesiones de capacitación en las que se introdujeron prácticas agrícolas y apícolas adaptadas a las condiciones locales.
El pueblo baka está adoptando nuevas formas de garantizar la seguridad alimentaria mediante la agricultura y la apicultura. Los jóvenes baka encarnan en particular el nuevo compromiso con la agricultura y la innovación, con colmenas modernas, fuentes de ingresos y nutrición para sus familias. © FAO/Glen Amungwa
Desde el principio, la FAO dio prioridad a las consultas con el pueblo baka y a la comunicación en su lengua. El pueblo baka es fundamental en los comités de seguimiento del proyecto, al ayudar a adaptar las intervenciones respetando al mismo tiempo los conocimientos tradicionales.
El Sr. Antonio Querido, Representante de la FAO en el Camerún, subraya: “el PULCCA no es solo una respuesta de emergencia a la crisis alimentaria. Es un compromiso para fortalecer la resiliencia de las comunidades en situación de vulnerabilidad, en especial de los Pueblos Indígenas, para que se conviertan en protagonistas de su propio progreso”.
El proyecto también puso en marcha una escuela de campo para agricultores dedicada al cultivo de la yuca, que ahora sirve como espacio de aprendizaje colectivo: un laboratorio de conocimientos compartidos donde hombres y mujeres experimentan e intercambian ideas.
La apicultura ha creado una nueva alternativa económica y proporcionado ingresos que han impulsado la asistencia a la escuela y la nutrición.
“Antes, recolectar miel significaba talar árboles y largos e inciertos viajes”, explica Angoula Nestor, una nueva apicultora baka. “Ahora, con capacitación y equipo de protección, recolectamos miel pura y de gran calidad y ganamos lo suficiente para mantener a nuestras familias. Me gusta mucho esta actividad y espero aprender a construir colmenas yo misma para poder ser autosuficiente”.
Mama Angelina Efouma, abuela septuagenaria que cuida de 10 nietos, asegura: “mi principal preocupación es poder seguir trabajando y alimentar a mi familia”. Considera este proyecto un salvavidas. “Sigo activa. Conozco bien la tierra. Siembro yuca y yautia. Este proyecto nos ayuda enormemente”.
El proyecto PULCCA apoya la autosuficiencia con sesiones de capacitación y una escuela de campo para agricultores que sirve de espacio para el aprendizaje colectivo y el intercambio de ideas. © FAO/Glen Amungwa
Hoy, en Mayos, la yuca —antaño escasa— se cultiva localmente. La miel, recolectada de forma segura, se ha convertido en una fuente de ingresos y de orgullo.
Como dice el anciano Noutcheguenou: “este proyecto nos permite producir para nosotros mismos, sin depender de otros. Nuestros hijos pueden comer en casa y acudir a la escuela con mayor facilidad. Es un verdadero paso adelante para nuestra aldea”.
Un total de 374 personas se han beneficiado directamente del proyecto. En total, el proyecto PULCCA ha llegado a cerca de 25 000 hogares de los departamentos de Lom-et-Djerem, Haut-Nyong, Boumba-et-Ngoko y Kadey, en la región oriental del país.
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