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Fideos que nutren y empoderan


El ahorro comunitario brinda nuevas oportunidades para las mujeres de Myanmar

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En Myanmar, la FAO ayudó a establecer un grupo de ahorro y crédito dirigido por mujeres, gracias al cual pudieron poner en marcha un pequeño negocio de producción de fideos de arroz en su comunidad. © FAO/Htike Koko Aung

29/01/2026

En los terrenos de una escuela primaria situada entre las ciudades de Pwintbyu y Salin, en la región de Magway (Myanmar), Maw Maw Hmwe regenta un modesto puesto de comida desde el que vende sus famosas ensaladas de fideos de arroz. Todos los días, estudiantes y docentes pasan por allí para disfrutar de una comida nutritiva. Este puesto independiente de fideos es uno de los dos negocios que regenta Maw Maw.

“Nunca imaginé que podría dirigir un negocio”, dice. “Ahora me siento segura e independiente”.

Los fideos de arroz son un alimento básico en todo Myanmar y están profundamente arraigados en la cultura alimentaria del país. Se sirven en gran variedad de platos, desde la mañana hasta la noche, y adoptan diferentes formas y ocupan distintos lugares en la gastronomía local. En el plato nacional de Myanmar, la sopa de pescado mohinga, son gruesos y redondeados, mientras que los fideos Shan son finos y filamentosos. Más allá de su papel como alimento básico, los platos a base de fideos de arroz siguen siendo una opción asequible y cotidiana para muchas personas.

Maw Maw vio en los fideos de arroz el siguiente paso natural a partir de su actividad de cultivo de arroz; una forma de reforzar sus ingresos y proporcionar cierta estabilidad a sus ganancias en una época en la que el cambio climático afecta a la regularidad en el rendimiento de las cosechas.

“Algunos años tenemos buenas cosechas”, explicó. “Pero al año siguiente no hay nada. Siempre estaba preocupada por nuestra supervivencia”.

En los últimos años, las inundaciones arrasaron sus cultivos o las sequías abrasaron el suelo, echando a perder el arroz, las alubias y el sésamo. Maw Maw, madre de ocho hijos, se levantaba cada día preocupada por encontrar el modo de llevar comida a la mesa, un temor compartido por muchos.

Las cosas se han complicado aún más desde la crisis política de 2021. La inestabilidad política y los conflictos armados se han extendido por todo el país, causando trastornos en las economías y sumiendo a las comunidades rurales en la crisis. Los precios de los fertilizantes, el combustible y las semillas se han disparado, mientras que el acceso de los agricultores a los mercados se ha ido reduciendo y las alternativas para ganarse la vida son escasas. Incluso cuando lograban cosechar, los bajos precios de mercado hacían que la agricultura por sí sola no bastara para sostener sus medios de vida.

Por estas razones, Maw Maw ya no podía depender de unos ingresos estacionales poco fiables. Por encima de todo, necesitaba tener acceso a fondos para invertir en sí misma.

La oportunidad le llegó en 2024, cuando venció sus dudas y decidió unirse a un grupo de ahorro y crédito de mujeres de su comunidad respaldado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En las zonas rurales de Myanmar, muchas familias tienen dificultades para obtener préstamos, en especial cuando las solicitantes son mujeres, ya que se requieren documentos oficiales o garantías. Por este motivo, es habitual recurrir a fuentes informales como amigos, parientes o prestamistas, que pueden aplicar tipos de interés elevados o impredecibles.

Para dar respuesta a este problema, la FAO ayudó a crear grupos de ahorro y crédito dirigidos por mujeres que ponen en común pequeñas sumas de ahorros de forma periódica y tienen acceso a préstamos a bajo interés.

Según recordaba Maw Maw: “Tenía curiosidad, pero no estaba segura de poder aportar ahorros de forma periódica debido a mis bajos ingresos, pero el comité de gestión del grupo me explicó cómo funcionaba el sistema”.

Poco después de unirse al grupo de ahorro pidió un pequeño préstamo para invertir en semillas y aperos de mejor calidad, lo que le permitió mejorar su cosecha.

Posteriormente, Maw Maw encontró algo más que apoyo financiero: el grupo se convirtió en un espacio en el que las mujeres podían reunirse para compartir ideas, hablar de sus problemas y apoyarse mutuamente. En un contexto marcado por las dificultades económicas, el miedo y el desplazamiento, este sentimiento de conexión se convirtió en un salvavidas para las mujeres.

El cambio climático y las crisis políticas significaban que las agricultoras como Maw Maw ya no podían depender únicamente de la agricultura para subsistir. Maw Maw vio en los fideos de arroz una forma de aumentar sus ingresos y hacerlos más estables. © FAO/Htike Koko Aung

Fideos que alimentan a las familias

A partir de estas relaciones personales, Maw Maw y las demás mujeres del grupo de ahorro decidieron poner en marcha un pequeño negocio de producción de fideos de arroz. En su comunidad había una elevada demanda de arroz, pero el acceso era bastante limitado, por lo que las personas se veían obligadas a recorrer grandes distancias para conseguirlos. Aprovechando que ya poseían arrozales, las mujeres decidieron elaborar fideos de arroz para atender la demanda local.

A través de su Programa mundial de agricultura y seguridad alimentaria, la FAO proporcionó una máquina para elaborar fideos y ofreció capacitación práctica en técnicas de producción, inocuidad alimentaria e higiene. Las mujeres también fortalecieron sus competencias financieras y adquirieron conocimientos sobre ahorro y crédito, teneduría de libros, contabilidad y planificación de la gestión microempresarial. Gracias a estos instrumentos, el negocio de fideos Taw Win Thazin se convirtió rápidamente en un lugar popular en la comunidad, capaz de generar un flujo constante de ingresos para cubrir los gastos de alimentación y escolarización.

Viendo el éxito que había tenido este negocio dirigido por mujeres, Maw Maw dio un paso aún más audaz y obtuvo un préstamo mayor del grupo de ahorro para abrir un puesto de comida en la escuela primaria.

Hoy, su puesto atrae por igual a alumnos y docentes, que vuelven a diario en busca de sus conocidas y apreciadas ensaladas de fideos de arroz. Maw Maw se enorgullece de obtener sus fideos de arroz de la empresa Taw Win Thazin. Los beneficios diarios de su puesto le proporcionan unos ingresos considerables que le permiten reembolsar los préstamos y gestionar los gastos.

Además del grupo de ahorro y crédito dirigido por mujeres, la FAO proporcionó una máquina para elaborar fideos y ofreció capacitación en técnicas de producción, competencias financieras y conceptos crediticios, dotando así a las mujeres de los instrumentos necesarios para dirigir su agronegocio. © FAO/Htike Koko Aung

Desde 2024, la FAO y sus asociados han establecido más de 60 grupos de ahorro y crédito para mujeres en todo Myanmar, y han contado con la participación de 1 300 agricultoras. Gracias a la capacitación en materia de agronegocios impartida por la FAO, más de 350 mujeres dirigen actualmente sus propias empresas, que abarcan desde la transformación de semillas oleaginosas hasta la elaboración de dulces de maní y sésamo crujientes.

El negocio de fideos de arroz de Taw Win Thazin no es más que una de las 48 pequeñas empresas colectivas que ha dado como resultado esta iniciativa. Estos modelos de negocio han supuesto una fuente de ingresos para muchas familias en zonas donde existen pocas opciones. En un país donde la incertidumbre forma parte del día a día, estas mujeres han sido perseverantes y han creado oportunidades para garantizarse no solo el propio sustento, sino también el de sus familias y comunidades.

En el ámbito rural, la carga más pesada suele recaer sobre las mujeres, que son la columna vertebral de sus comunidades —trabajan en la agricultura, la elaboración de alimentos, la cría de ganado, la gestión del hogar y el cuidado infantil—, aunque sus contribuciones siguen siendo invisibles e infravaloradas. El acceso a la financiación empodera a las mujeres para tomar decisiones que fortalecen sus medios de vida y mejoran sus comunidades.

Este artículo forma parte de una serie dedicada a las agricultoras de todo el mundo, desde productoras, pescadoras y pastoras hasta comerciantes, científicas agrícolas y empresarias rurales. El Año Internacional de la Agricultora (2026) reconoce su contribución esencial a la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y la mejora de la nutrición y los medios de subsistencia, a pesar de la mayor carga de trabajo, las condiciones laborales precarias y el acceso desigual a los recursos. Con él se exhorta a la acción colectiva y a la inversión para empoderar a las mujeres, en toda su diversidad, y construir un sistema agroalimentario más justo, más inclusivo y sostenible para todos. 

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