Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

La Amazonia ocupa un lugar decisivo en el presente y el futuro de América Latina y el Caribe, y del planeta. Su importancia no se limita a su extraordinaria riqueza biológica, hídrica y climática. La Amazonia es también un territorio habitado, cuidado y transformado cotidianamente por millones de personas: Pueblos Indígenas, comunidades afrodescendientes, agricultores familiares, mujeres, jóvenes rurales y comunidades tradicionales que han construido, a lo largo del tiempo, formas de vida estrechamente vinculadas con el bosque, los ríos, la biodiversidad y los sistemas agroalimentarios locales.

Este documento parte de una constatación fundamental: en la Amazonia, producir y conservar no deben entenderse como objetivos contrapuestos. La evidencia muestra que una parte importante de las soluciones para enfrentar la deforestación, la degradación ambiental, la inseguridad alimentaria y la pobreza rural ya existen en los propios territorios amazónicos, en los sistemas productivos basados en el manejo sostenible del bosque, en la agricultura familiar, campesina e indígena, en los conocimientos tradicionales y en la valorización de la sociobiodiversidad.

La publicación muestra con claridad que los Pueblos Indígenas desempeñan un papel central en la protección de los bosques y en la regulación climática, mientras que la agricultura familiar representa la gran mayoría de las actividades productivas en los municipios amazónicos, concentrándose principalmente en las zonas donde la cobertura forestal se mantiene más estable. Estos actores no solo sostienen medios de vida rurales, sino que también contribuyen a la seguridad alimentaria, a la conservación de la biodiversidad, a la gestión del paisaje y a la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.

Producir y conservar es una invitación a construir una nueva trayectoria de desarrollo amazónico. Una trayectoria que reconozca el valor del bosque en pie, que combine conocimiento científico y saberes tradicionales, y que transforme la riqueza biológica y cultural de la Amazonia en bienestar, seguridad alimentaria, resiliencia climática y prosperidad compartida.

Contactos

Luiz Beduschi
Oficial Principal de Políticas en Desarrollo Rural

María Ignacia Hadad
Consultora en Análisis Económico y Políticas Públicas

Ricardo Rivera
Experto en comunicaciones

     Hacia una agenda amazónica compartida: sostenibilidad, inclusión y cooperación regional

Cooperación regional para armonizar políticas, compartir información y enfrentar desafíos transfronterizos

La cooperación regional resulta esencial para armonizar políticas, compartir información y enfrentar desafíos transfronterizos como la deforestación y la pérdida de biodiversidad. En última instancia, el principio de “producir y conservar” sintetiza la nueva visión: reconciliar la conservación ecológica y el desarrollo humano mediante una gobernanza territorial integrada que reconozca a los actores de los sistemas agroalimentarios amazónicos como un pilar estratégico para la seguridad alimentaria y climática, así como para el bienestar de sus habitantes.

La bioeconomía amazónica como eje transformador para generar valor sin degradar el bosque

La Amazonia se encuentra en un punto de inflexión que exige reemplazar el modelo extractivo y de expansión agropecuaria por una estrategia integral de desarrollo sostenible, inclusivo y resiliente, basada en la articulación entre conservación y bienestar. Ello implica reorientar políticas e inversiones hacia la sostenibilidad territorial, promover sistemas agroforestales, bioeconomías locales y financiamiento verde, así como fortalecer la gobernanza y las capacidades de actores locales mediante planificación participativa, derechos territoriales y formación adaptada. La bioeconomía amazónica surge como eje transformador al vincular conocimiento tradicional e innovación, para generar valor sin degradar el bosque.

Los productos de la sociobiodiversidad amazónica ofrecen una oportunidad para el fortalecimiento de la agricultura familiar, campesina e Indígena

En la medida en que las brechas de acceso a servicios se reduzcan, los productos de la sociobiodiversidad amazónica –como el açaí, el cacao, el copuazú, el moriche, y la nuez de Brasil– presentan una oportunidad para el fortalecimiento de la agricultura familiar, campesina e indígena, debido a la cantidad de explotaciones en manos de este sector, el volumen de producción, y su potencial ecológico y económico. Estas cadenas constituyen sistemas integrados que abarcan procesos de manejo, producción, transformación, comercialización y consumo con identidad cultural y equidad en la distribución de beneficios.

Los habitantes de la Amazonia son actores clave para resolver el dilema entre producir y conservar

Los Pueblos Indígenas están presentes en casi todo el territorio amazónico, mientras que la población afrodescendiente se concentra principalmente en Brasil. Ambos pueden desempeñar un papel fundamental en la gestión ambiental y productiva de esta región. Los territorios Indígenas, en conjunto con las áreas protegidas, cubren cerca del 50 % de la superficie y contienen aproximadamente el 58 % de las reservas de carbono en esta subregión. Asimismo, la agricultura familiar, campesina e indígena desempeña un papel esencial en términos económicos, sociales y culturales de la Amazonia y representa el 85,4 % de las explotaciones de los municipios amazónicos.

La Amazonia requiere transformar su creciente dinamismo económico y conectividad en mayor bienestar para sus comunidades

La Amazonia presenta mayor dinamismo, producto del aumento de la conectividad y de la consolidación de asentamientos urbanos de distintos tamaños, lo que ha permitido el desarrollo de actividades económicas de mayor envergadura y el incremento del acceso a mercados y tecnologías. Sin embargo, la evidencia apunta a que estas transformaciones no necesariamente se han traducido en mayores niveles de bienestar humano y sostenibilidad ambiental para la población amazónica, lo que pone en tela de juicio la sostenibilidad social de la actual trayectoria de desarrollo.

Resolver la tensión entre producir y conservar para enfrentar las presiones crecientes sobre el futuro de la Amazonia

Los activos naturales de la Amazonia desempeñan un papel crucial en la seguridad alimentaria y nutricional de América Latina y el Caribe, la estabilidad climática global, y en el bienestar y la resiliencia de sus habitantes y del conjunto de la región. Sin embargo, enfrenta presiones crecientes que amenazan su futuro, como la deforestación, el cambio de uso del suelo y el cambio climático. Como consecuencia, los gobiernos de la región deben resolver la tensión entre producir y conservar.

     La Amazonia en cifras

 

Un territorio del tamaño de un continente y una población que supera a la megaciudad más grande del planeta.

Territorio
Acceso limitado a centros urbanos y servicios

La conectividad territorial constituye una de las principales expresiones de exclusión en la región.

El 73% de la población amazónica no puede acceder a una gran ciudad en un radio de viaje de tres horas.

Solo el 36% tiene acceso a ciudades intermedias o grandes.

Brechas estructurales persistentes

La tasa promedio de pobreza en los municipios amazónicos es del 48,8%, frente a un 42,0% en un municipio fuera del bioma.

Esta brecha es aún más acentuada en países como Perú (13 puntos), Brasil (17 puntos) y Colombia (22 puntos).

Incidencia de la pobreza por municipalidad

Seguridad alimentaria amazónica

Uso de 270 alimentos en la dieta cotidiana: más de 200 especies de hierbas, 85 arbóreas y múltiples insectos comestibles, clave para la nutrición y la identidad cultural.

La relación pobreza-inseguridad alimentaria no es uniforme: en algunos territorios amazónicos, los promedios son incluso mejores que en zonas no amazónicas.

La seguridad alimentaria es estacional y variable: en temporada de aguas altas, las capturas de peces caen un 73 %, cuadruplicando el riesgo de pasar un día sin comer en comunidades ribereñas.

     ¿Quiénes habitan, producen y preservan la Amazonia? 

Pueblos Indígenas y comunidades afroescendientes

UF14GDE 00275747 (1)
1 ES 5 ES
2 Es 6 Es
3 ES 7 ES
4 ES

 

Agricultura familiar, campesina e indígena

UF178XB CAV_2966 (1) (1)
ES 11 ES 55
ES 22
ES 33
ES 44
     Desafíos comunes: acceso a servicios

Acceder a asistencia técnica y servicios financieros es clave para el desarrollo agropecuario. Estos instrumentos permiten a los productores mejorar sus prácticas productivas, incorporar tecnologías apropiadas, diversificar cultivos, gestionar riesgos climáticos y aumentar la eficiencia en el uso de los recursos.

A diferencia de otras regiones, en la Amazonia existe una trayectoria consolidada de prácticas agrícolas sostenibles y adaptadas al entorno, desarrolladas históricamente por Pueblos Indígenas, comunidades rurales y agricultores familiares.

A diferencia de contextos que requieren transformar radicalmente sus sistemas productivos, la Amazonia ya dispone de modelos validados social, cultural y ecológicamente. Las barreras más críticas y persistentes son el acceso limitado a asistencia técnica pertinente y financiamiento adecuado. Sin estos apoyos, los agricultores difícilmente pueden acceder a las herramientas necesarias para mejorar su productividad, añadir valor a sus productos y sostener sistemas que ya han demostrado ser sostenibles.

Abordar estas limitaciones es fundamental para potenciar el enorme capital social, ecológico y productivo de la agricultura amazónica como base para un modelo de desarrollo inclusivo, resiliente y con identidad territorial.

Invertir en servicios financieros y no financieros adecuados para los agricultores familiares de la Amazonia no solo mejora su seguridad alimentaria y reduce la dependencia de alimentos importados, sino que también es un paso decisivo hacia sistemas alimentarios más sostenibles, resilientes e inclusivos.

     Productos de la sociobiodiversidad amazónica y su potencial transformador

La Amazonia alberga una riqueza biológica y cultural única, que se traduce en una diversidad de bienes y servicios generados a partir de la interacción entre los ecosistemas y las comunidades locales. En este contexto, los productos de la sociobiodiversidad —derivados de recursos naturales manejados por Pueblos Indígenas, comunidades rurales y agricultores familiares— constituyen una vía concreta para promover el desarrollo sostenible de la región. Estos productos no solo reflejan saberes ancestrales y prácticas adaptadas al entorno, sino que también conforman cadenas productivas que contribuyen a la generación de ingresos, la seguridad alimentaria y la conservación ambiental.

El cacao presenta una distribución territorial dispersa. Los 20 municipios con mayor número de explotaciones se reparten entre Brasil, Colombia, el Perú y el Ecuador, y concentran el 23,35 % del total registrado en los países analizados. Entre ellos, San Andrés de Tumaco (Colombia) lidera con el 2,58 % de las explotaciones, seguido por Mazamari-Pangoa (Perú), con el 1,93 %.

En términos económicos, el cacao constituye el segundo producto agropecuario de mayor valor en el estado de Pará, generando una renta de aproximadamente 1 300 millones de reales en 2019 (cerca de 23 millones de USD). No obstante, la estructura de valor de esta cadena revela profundas asimetrías territoriales. Solo el 0,7 % de la producción rural se transforma localmente, mientras que el 99 % es absorbido por la industria nacional, que captura márgenes de beneficio significativos.

El cacao también tiene un rol destacado en las estrategias de restauración ambiental y transición productiva. En el sur de la Amazonia brasileña, el proyecto Cacau Floresta, liderado por The Nature Conservancy, promueve la recuperación de pastos degradados mediante sistemas agrosilvícolas basados en el cultivo de cacao asociado a especies forestales de alto valor. Esta estrategia busca articular la conservación ambiental con la mejora de los medios de vida rurales.

En América Latina y el Caribe, más de 350 000 familias se dedican a la producción de cacao, beneficiando directamente a al menos 1,7 millones de personas. La región concentra cerca del 15 % de las exportaciones mundiales de grano y ha mostrado un crecimiento sostenido del 11 % en la última década, en contraste con la desaceleración observada en otras regiones productoras, como África y Asia.

Distribución de cultivos de cacao en grano por municipalidad

  

El copuazú se ha consolidado como uno de los productos no maderables de creciente relevancia en la bioeconomía amazónica. Brasil concentra la mayoría de las explotaciones registradas. Los 20 municipios con mayor número de unidades productivas concentran el 41,3 % del total de explotaciones de copuazú en los países analizados, siendo Wenceslau Guimarães (Bahía) el municipio con mayor número de unidades (3,17 %). Solo un municipio fuera de Brasil, ubicado en Colombia, figura entre los veinte primeros, lo que subraya la alta concentración territorial de este cultivo en la Amazonia brasileña.

En términos de volumen, los 20 municipios con mayores niveles de producción —repartidos entre Brasil y Colombia— concentran el 61,4 % de la producción total, lo que equivale a más de 15 000 toneladas anuales.

El copuazú presenta múltiples posibilidades de agregación de valor. Además de la comercialización de su pulpa —utilizada en alimentos y bebidas—, sus semillas permiten producir manteca vegetal y un sustituto del chocolate conocido como “cupulate”. Asimismo, los residuos del procesamiento contienen compuestos bioactivos, proteínas y lípidos con aplicaciones prometedoras en las industrias de alimentos funcionales, nutracéutica y farmacéutica, así como en el desarrollo de bioproductos de alto valor agregado y la generación de energía renovable.

La valorización integral del copuazú constituye una vía estratégica para avanzar hacia un modelo de economía circular en la Amazonia, articulando inclusión productiva, innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental.

Distribución de cultivos de copuazú por municipalidad

  

La nuez de Brasil, también conocida como castaña amazónica o nuez amazónica, representa uno de los productos silvestres más emblemáticos de la Amazonia. Su producción proviene exclusivamente de árboles nativos que crecen en los bosques húmedos tropicales, y su comercialización depende de la conservación activa de vastas áreas de bosque primario en Brasil, el Estado Plurinacional de Bolivia y el Perú, estimadas en más de 32 millones de hectáreas.

En términos de organización territorial, Brasil concentra la mayoría de las explotaciones recolectoras registradas. Los 20 municipios con mayor número de explotaciones representan el 55 % del total analizado. En cuanto a la producción, los 20 principales municipios aportan en conjunto más del 66 % del volumen total registrado, equivalente a 17 860 toneladas anuales.

A nivel global, la cadena de la nuez amazónica moviliza cerca de 450 millones de USD anuales. En Brasil, unas 60 000 familias recolectoras participan en esta actividad, muchas de ellas organizadas en cooperativas o pequeñas empresas comunales. Aun así, el Estado Plurinacional de Bolivia lidera actualmente las exportaciones globales, pese a contar con una menor superficie potencial de producción.

Más allá del comercio, su recolección promueve el mantenimiento del bosque en pie, y su aprovechamiento sostenible ha permitido la consolidación de polos de desarrollo en zonas históricamente aisladas, como ocurre en el norte amazónico del Estado Plurinacional de Bolivia.

La nuez de Brasil representa una oportunidad estratégica para alinear objetivos de conservación, desarrollo local e inserción económica internacional. No obstante, se requiere superar cuellos de botella estructurales en el procesamiento, garantizar condiciones de trabajo dignas y fortalecer los mecanismos de gobernanza comunitaria sobre los recursos forestales.

Distribución de cultivos de nuez de Brasil por municipalidad

  

La distribución de la producción del moriche, también conocido como burití o aguaje, muestra una fuerte concentración territorial en Brasil, donde se ubican 19 de los 20 municipios con mayor número de explotaciones, que representan el 50,5 % del total registrado. En términos de volumen, los 20 principales municipios productores concentran más del 60 % del total recolectado —cerca de 2.983 toneladas anuales—, con Abaetetuba, Oriximiná y Viseu destacando como los centros de mayor producción.

El valor del moriche radica en su versatilidad. Su fruto es altamente nutritivo, rico en antioxidantes, vitamina A y ácidos grasos esenciales, y se utiliza en la elaboración de jugos, helados, dulces, licores y colorantes naturales. Las hojas se emplean para techumbres y artesanías; los tallos y fibras, en la construcción y producción de cuerdas; y las semillas permiten la obtención de aceites de uso cosmético y medicinal. Los humedales dominados por esta especie almacenan carbono en profundos estratos de materia orgánica, representando sumideros naturales de gran importancia frente al cambio climático. A su vez, los residuos del procesamiento ofrecen oportunidades para la producción de bioenergía con bajas emisiones contaminantes.

Los estudios de mercado y de estructura de costos reflejan una paradoja frecuente en productos recolectados: aunque el trabajo de recolección representa una alta proporción del costo total (hasta un 88,5 %), los ingresos netos percibidos por los recolectores resultan bajos. Esta situación evidencia la urgencia de estrategias que fortalezcan el primer eslabón de la cadena, ya sea a través del acceso a mercados diferenciados, la agregación de valor local o mecanismos de pago por servicios ecosistémicos.

Potenciar esta cadena implica avanzar en mecanismos de gobernanza territorial, ampliar el conocimiento técnico y ecológico sobre su uso y asegurar que los beneficios generados permanezcan, en mayor medida, en manos de quienes han cuidado de este recurso durante generaciones.

Distribución de cultivos de moriche por municipalidad