Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

Mario Lubetkin: “América Latina tiene todo para producir alimentos, pero aún enfrenta altos niveles de hambre”

En el marco de los 80 años de la FAO, el exrepresentante regional para América Latina y el Caribe reflexiona sobre los principales desafíos de la seguridad alimentaria en la región, los avances y las un mensaje para las nuevas generaciones.

29/12/2025

©FAO/Diego Paredes

* Esta entrevista es parte de una serie de conversaciones con ex Representantes Regionales de FAO para América Latina y el Caribe en el marco de la celebración del 80 Aniversario de la Organización. En la instancia se les solicitó reflexionar sobre los principales hitos de su gestión y recordar cuáles fueron sus principales desafíos.

Mario Lubetkin conoce la FAO desde dentro, en algunos de los puestos de mayor responsabilidad. Fue jefe de gabinete de dos Directores Generales, Subdirector General y Representante Regional para América Latina y el Caribe. Su trayectoria le permitió observar al mundo desde “los cristales de la FAO”, como él mismo define, y acompañar los grandes debates y decisiones sobre seguridad alimentaria a nivel global y regional.

En esta entrevista, Lubetkin repasa su paso por la Organización, los avances logrados en la reducción del hambre en América Latina y el Caribe, los retos que aún persisten y la importancia de la cooperación, la participación de los jóvenes y la interconexión entre seguridad alimentaria, medio ambiente, migración y paz.

-¿Qué significó para usted trabajar en la FAO y qué experiencia recuerda como especialmente significativa?

Creo que es difícil transitar por la FAO sin que esa experiencia transforme profundamente la manera de entender el mundo y de posicionarse frente a los grandes desafíos globales. Haber ejercido responsabilidades de alta dirección —como jefe de gabinete del Director General, Graziano da Silva y luego de QU Dongyu, además de dirigir América Latina y el Caribe y actuar como Subdirector General— me permitió aportar con convicción y capacidad profesional, pero también comprender desde adentro la complejidad de la agenda internacional.

La FAO fue para mí un gran laboratorio y un observatorio del sistema multilateral y reafirmó la importancia de fortalecer las instituciones internacionales para responder con eficacia a los desafíos actuales.

-¿Cuáles fueron los principales desafíos en alimentación y agricultura que enfrentó la región durante su gestión en la FAO?

Sin duda, el gran desafío consiste en comprender cómo una región con tan alto potencial y capacidad de producción alimentaria continúa enfrentando elevados niveles de hambre e inseguridad alimentaria. Esa es la principal contradicción de América Latina y el Caribe.
Mientras otras regiones sufren limitaciones estructurales —escasez de agua, suelos poco productivos o impactos climáticos severos—, América Latina y el Caribe cuenta con recursos y condiciones excepcionales, pero aun el hambre y la inseguridad alimentaria persisten.

-¿Cuál ha sido el principal impacto de la FAO en la región y qué iniciativa destacaría de su gestión?

Considero que el desafío principal sigue siendo la articulación. En su momento, el Director General, Graziano da Silva, impulsó la comprensión integrada del hambre y la malnutrición, evitando tratarlas como cuestiones separadas y subrayando las consecuencias directas de la inseguridad alimentaria.

En esa misma línea, el Director General QU Dongyu ha reafirmado las cuatro mejoras, señalando que no es posible abordar el hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria sin vincularlas con las dimensiones ambientales, sociales como la migración, la producción y el desarrollo rural, así mismo como la seguridad y la paz.

La experiencia acumulada en visitas conjuntas de la FAO, el IFAD y el PMA (agencias de Naciones Unidas basadas en Roma) a regiones de África y Asia evidenció cómo la seguridad alimentaria es aún más frágil en contextos de inestabilidad. En contraste, América Latina y el Caribe mantienen ciertas condiciones de paz que son esenciales para avanzar de manera sostenible en esta agenda.

-Durante su gestión, los países enfrentaron una crisis por el alza de los alimentos. ¿Qué estrategias implementó la FAO para apoyar a la región frente a ese desafío?

Considero que el gran desafío en ese momento fue avanzar hacia una integración más efectiva entre los países de la región; una integración en la que la suma de capacidades se transformara en fortalezas compartidas.

Un hito relevante fue la aprobación, por parte de todos los ministros de Agricultura de América Latina y el Caribe, del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la CELAC (Plan SAN CELAC). Se trató de uno de los últimos acuerdos alcanzados por los 33 países de la CELAC en materia de seguridad alimentaria, y su importancia radicó en haber logrado consenso regional en torno a este tema. El SAN CELAC se orientó a fortalecer capacidades técnicas, económicas y nutricionales mediante acciones complementarias entre los Estados miembros.

-¿Qué relevancia tuvo la colaboración con otros organismos y el sector privado, y qué proyecto destacaría como ejemplo?

Yo diría que no es pensable afrontar y resolver los temas de la seguridad alimentaria solo con el sector público. Yo diría que la participación público-privada es fundamental, diría que hay un fuerte atraso en la visión tanto del sector público, pero del sector privado, inclusive el sector privado pujante, para generar otro nivel de interacción entre unos y otros. Yo agregaría también el rol más amplio de la sociedad civil y agregaría también el rol del mundo de la academia. Son todos actores que se complementan en cualquier tipo de proyectos para los escenarios de seguridad alimentaria.

Yo creo que proyectos hay muchos. Todo lo que se desencadenó con el SAN CELAC, todo lo que tiene que ver con la economía azul, desde el punto de vista de la recuperación de la riqueza extraordinaria que nos da el mar para los temas alimentarios, el hecho de la cooperación conjunta, pero la diversidad de la comprensión de que no toda América Latina y Caribeña igual, y que por lo tanto diferentes proyectos tienen que ser llevados a diferentes niveles. Y un grado de conciencia que sin duda ha asumido la región muy superior al tema de la seguridad alimentaria. Y eso para mí fue uno de los más importantes resultados.

-¿Qué lecciones de su trabajo en la FAO considera más valiosas para inspirar a las nuevas generaciones en la transformación de los sistemas agroalimentarios?

La participación de las nuevas generaciones es determinante. Son ellas quienes ya están actuando y quienes deberán asumir un rol aún más protagónico, porque los desafíos de la seguridad alimentaria se están definiendo ahora y requieren una perspectiva de largo plazo, de 10, 15 o 20 años. Mi generación acompaña y respalda, pero el liderazgo corresponde a quienes continúan este recorrido.

Tengo la sensación de que las condiciones están dadas; sin embargo, será imprescindible la acción humana, especialmente de las y los jóvenes, para sostener y proyectar este proceso con visión de futuro.

-¿Cómo cree usted que la FAO ha ayudado a los estados y a otros actores a transformar los sistemas agroalimentarios sin dejar a nadie atrás?

La FAO constituye es como una universidad, un verdadero espacio de conocimiento, con especialistas de primer nivel en cada una de las áreas que hoy están en debate. El valor agregado de la Organización reside en transferir ese capital técnico a las sociedades y a los sectores específicos, de manera que su aplicación facilite y fortalezca la toma de decisiones.

En un contexto donde la salud humana, la salud animal y los efectos del cambio climático sobre los sistemas agrícolas generan demandas constantes, puede parecer que cada día debemos iniciar una nueva investigación.  Sin embargo, gran parte del conocimiento ya ha sido desarrollado; lo esencial es acercarlo y ponerlo en servicio de quienes lo aplican en el territorio.

Entrevista

* Las opiniones expresadas en estas entrevistas corresponden exclusivamente a los individuos en su calidad personal y no reflejan la posición oficial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Los ex funcionarios de la FAO ya no están formalmente vinculados a la Organización, y sus declaraciones deben entenderse como reflexiones retrospectivas sobre sus experiencias profesionales, la evolución del discurso regional en torno a la seguridad alimentaria y las contribuciones de la FAO a las prioridades regionales. La FAO es un organismo especializado de las Naciones Unidas, neutral y no partidista, con un mandato técnico específico, y mantiene su compromiso de cumplir dicho mandato de manera imparcial y coherente con sus obligaciones hacia sus Miembros. Estas entrevistas no implican ningún aval por parte de la FAO a las ideas u opiniones expresadas.