Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

Mujeres que cultivan futuro en América Latina y el Caribe

07/09/2027

©FAO/Willie de León

Desde los huertos escolares de Belice hasta los territorios quilombolas de Brasil, agricultoras, pescadoras, docentes, investigadoras y lideresas rurales, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), impulsan soluciones que fortalecen la seguridad alimentaria, generan medios de vida, cuidan el medio ambiente y a sus familias, y transforman sus comunidades.

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©FAO/Elevernie Davis

Las agricultoras de América Latina y el Caribe enfrentan barreras en el acceso a la tierra, los recursos productivos y la toma de decisiones. La FAO trabaja para acelerar el empoderamiento de las mujeres, promoviendo políticas públicas, alianzas, inversiones, capacidades, evidencia y enfoque de género para transformar los sistemas agroalimentarios y avanzar hacia territorios más sostenibles e inclusivos. En el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, cinco historias de vida muestran cómo, desde distintos territorios de la región, las mujeres son agentes de la transformación de los sistemas agroalimentarios.


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©FAO/Willie de León

En Guatemala, Isabela Juárez, de 26 años, es una joven indígena de Quiché, promotora comunitaria y lideresa de la Asociación Tierra Ixil, quien ha abierto caminos donde las oportunidades económicas para las mujeres han sido limitadas. A través del proyecto “Recuperación de medios de vida y emprendimientos en zonas rurales (REME)”, implementado por la FAO junto al Gobierno y a la Unión Europea, se capacitó en el manejo y cuidado de aves, así como en el fortalecimiento de emprendimientos rurales. Hoy aplica esos conocimientos para mejorar su producción, diversificar sus ingresos y fortalecer su seguridad alimentaria.


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©FAO/Willie de León

El impacto de formación técnica de Isabel trasciende su hogar. Como promotora comunitaria, acompaña y capacita a otras mujeres, replicando conocimientos que transforman sus comunidades en Guatemala: cada vez más mujeres cuentan con gallineros sostenibles en sus hogares, lo que les permite acceder a alimentos frescos y nutritivos, así como generar ingresos adicionales mediante la venta de excedentes. Esta experiencia la motivó a integrarse a la asociación, donde, junto con la FAO, impulsa la construcción de invernaderos para generar oportunidades de empleo para jóvenes y ofrecer alternativas que contribuyan a reducir la migración en su comunidad.


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©FAO/Júnior Campelo

En el Quilombo Boa Vista, en Maranhão, nordeste de Brasil, familias como la de la quebradora de coco Maria Ribamar, conocida como Ribinha, vivían y producían desde hace generaciones con miedo a perder lo plantado y construido por no tener regularizada la tenencia de la tierra a su nombre. Esta incertidumbre está cambiando con el apoyo del proyecto “Tierras para ellas”, financiado por el Gobierno de Canadá y ejecutado por la FAO en colaboración con el Instituto de Colonización y Tierras de Maranhão (Iterma).


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©FAO/Júnior Campelo

Ribinha forma parte de la cooperativa de mujeres Sabor y Arte, que, a partir del coco de babaçu, produce artesanías y alimentos como aceite de babaçu, harina de mesocarpio y galletas. Con esta iniciativa, que beneficiará a 2 500 agricultoras en Brasil: además de los títulos de propiedad, las mujeres reciben capacitación en prácticas productivas sostenibles y emprendimiento. Con seguridad jurídica, el territorio de Ribinha se está convirtiendo en una fuente segura de ingresos, autonomía, producción, nuevas oportunidades, dignidad, trabajo comunitario y pertenencia.


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©FAO/Elevernie Davis

Cuando la maestra de educación primaria Elevernie Davis comenzó a enseñar en la Escuela Primaria SDA Eden de Belice, esta no tenía huerto y los estudiantes contaban con oportunidades limitadas para aprender de dónde provenían sus alimentos. Ahora, a través del proyecto implementado por la FAO junto al gobierno de Belice, “Incrementar la accesibilidad y aceptación de productos nutritivos subutilizados cultivados localmente en los programas nacionales de alimentación escolar de Belice”, Elevernie combina la enseñanza en el aula con el aprendizaje práctico, ayudando a los estudiantes a desarrollar habilidades agrícolas prácticas mientras contribuyen con vegetales frescos para comidas escolares nutritivas.


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©FAO/Elevernie Davis

El éxito de la iniciativa se extiende más allá de los terrenos de la escuela, y algunos estudiantes han establecido huertos en sus hogares y comparten sus conocimientos con sus familiares. La maestra Elevernie ayuda a los estudiantes a aplicar conceptos agrícolas más allá del aula, fomentando la responsabilidad, el trabajo en equipo y la valoración de una alimentación saludable. Hoy, cerca de 800 estudiantes y más de 50 docentes han sido capacitados, contribuyendo a sistemas alimentarios locales más resilientes y a una cultura más sólida de nutrición y sostenibilidad en las escuelas de Belice.


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©FAO/Hernán Barceló

Alda Rodríguez es ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias, productora y fundadora de BIO Uruguay, organización dedicada a promover sistemas sostenibles de producción agropecuaria ubicada en Tacuarembó, Uruguay. En su predio familiar integra horticultura, animales, frutales, conservación de semillas, elaboración de alimentos, tratamiento natural del agua y espacios educativos, bajo un enfoque agroecológico. Desde este centro de experimentación, ubicado a 400 kilómetros de la capital de Uruguay, investiga y desarrolla bioinsumos a partir de microorganismos nativos como alternativa a los plaguicidas de síntesis química.


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©FAO/Hernán Barceló

En el desarrollo de la ciencia, la innovación y el talento local en conexión con la tierra, Alda ha enfrentado barreras regulatorias y dificultades de financiamiento. Su participación en el «Proyecto Plaguicidas» en Uruguay, implementado por los ministerios de Ambiente y de Ganadería, Agricultura y Pesca, con apoyo técnico de la FAO y financiamiento del GEF, permitió a BIO Uruguay avanzar en el desarrollo de un biohormiguicida. Hoy, sus bioinsumos son utilizados y evaluados en distintos sistemas productivos, desde cultivos como soja y arroz hasta la ganadería bovina, ampliando las alternativas para reducir el uso de productos de síntesis química y avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles.


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©FAO/Erika Santelises

Julia Mañón, pescadora artesanal de Boca Chica en República Dominicana, durante años enfrentó el desafío de conservar adecuadamente sus capturas y dependía de intermediarios que disminuían sus ganancias. Hoy, como integrante de una organización de pescadores artesanales de su comunidad, participa en iniciativas que fortalecen la cadena de valor de la pesca artesanal. Mediante el proyecto FISH4ACP, implementado por la FAO con el apoyo de la Unión Europea y el Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), su asociación ha recibido capacitación en gestión organizacional y acceso a mercados, además del cofinanciamiento de equipos para fortalecer la cadena de frío.


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©FAO/Erika Santelises

Con este acompañamiento, del que también participa el Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura (CODOPESCA) y la Universidad ISA, Julia ha fortalecido sus capacidades en pesca responsable, manejo poscaptura y comercialización. Estos conocimientos le han permitido mejorar la calidad de sus productos, acceder a mejores oportunidades de mercado, con lo que puede ofrecer pescado de mayor calidad, negociar directamente con hoteles, restaurantes y supermercados de República Dominicana, y generar mejores oportunidades para las familias pesqueras de su comunidad. Su experiencia demuestra que, cuando las mujeres cuentan con herramientas y oportunidades, pueden transformar sus medios de vida y contribuir al desarrollo sostenible de sus comunidades costeras.


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©FAO/Júnior Campelo

Reconocer la contribución de las agricultoras a la seguridad alimentaria, la nutrición y el desarrollo sostenible; invertir en políticas, programas y recursos que promuevan su empoderamiento y autonomía económica, y eliminar las barreras que limitan su acceso a la tierra, el financiamiento, la tecnología, la capacitación y la toma de decisiones son claves para desarrollar plenamente su potencial como agentes de la transformación de los sistemas agroalimentarios. El Año Internacional de la Agricultora 2026, ofrece una oportunidad única para situar a las agricultoras en el centro de la agenda de los sistemas agroalimentarios y acelerar la acción.