Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

Perú y Lesoto: Un lazo de sabiduría ancestral y futuro compartido a través de la papa


De los Andes del Perú a las Tierras Altas de Lesoto, la historia de Sekila Molapo refleja cómo la papa y la agricultura familiar transforman la nostalgia en prosperidad.

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Ntai Lekhula conoce cultivos y variedades andinas durante su visita al Perú, donde identificó oportunidades de innovación para la producción de papa en Lesoto.

©FAO/Freddy Candhumani

30/07/2026

Hay hilos invisibles que conectan las cumbres de los Andes del Perú con las montañas de Lesoto, un pequeño país enclavado en el sur de África. No es solo el clima frío o la altitud; es el latido de una tierra que, en ambos continentes, entrega su tesoro más preciado: la papa. Para Sekila Molapo, secretario general de la Asociación de la Papa de Lesoto (PLA), que representa a más de mil agricultores distribuidos en los diez distritos del país, llegar al Perú fue mucho más que participar en una misión técnica. Fue reencontrarse con una historia que sentía profundamente cercana.

Su visita formó parte de un intercambio técnico impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco de la iniciativa global “Un País, Un Producto Prioritario” (OCOP) y del Programa de Cooperación Sur-Sur, mecanismos que promueven el intercambio de conocimientos, tecnologías y experiencias entre países en desarrollo. En este contexto, una delegación de Lesoto recorrió experiencias vinculadas a la producción de papa en Junín y Lima para conocer modelos de organización, innovación y desarrollo agrícola que puedan fortalecer este cultivo estratégico en su país.

Para Sekila, la agricultura no fue una elección, sino un giro inesperado en su vida. Estudiaba administración de empresas y nunca imaginó dedicarse al campo. Sin embargo, en 2010 la muerte de su padre, quien era jefe local y responsable de las tierras familiares, lo obligó a asumir una responsabilidad para la que no se sentía preparado. “La gente solía reírse de mí… me decían: ‘fuiste a la escuela para ser un agricultor de papas, ¿eres tonto?’”, recuerda. Hoy, esas risas se han transformado en respeto y reconocimiento, llevándolo hasta el centro de origen de la papa.

Al caminar por los campos de Jauja, Sekila entendió que el verdadero valor de este cultivo vive en las manos de quienes lo cuidan cada día. Conversando con productores locales de Junín encontró historias que le recordaban a la suya: familias que durante años resistieron trabajando la tierra pese a las dificultades económicas y a la idea de que dedicarse al campo era quedarse atrás. Lo que comenzó como una obligación tras la pérdida de su padre se convirtió en su mayor orgullo. “No quería ser agricultor, pero ahora estoy orgulloso de serlo”, afirma con la firmeza de quien ha encontrado su propósito a raíz de su historia familiar.

Esa conexión profunda es la que hoy une a Perú y Lesoto. Al ver los miles de variedades de papas nativas que el Perú custodia, Sekila no solo vio biodiversidad; vio la esperanza de llevar a su país un modelo que proteja a los jóvenes y les enseñe a ser “emprendedores agrícolas”. En este rincón de los Andes, ha descubierto que la papa es mucho más que un alimento: es el lenguaje universal de la resiliencia.

Sekila Molapo y una integrante de la delegación de Lesoto observan papas producidas en invernadero, una alternativa para mejorar el acceso a semillas de calidad. En un mercado peruano, Sekila y otro integrante de la delegación conocen la diversidad de papas que sustenta la alimentación y los ingresos de familias agricultoras. ©FAO/Freddy Candhumani

Una misma lucha, una misma esperanza

Durante su recorrido,  Sekila se detuvo a observar con atención las pequeñas parcelas. Allí descubrió que, al igual que en Lesoto, muchas familias trabajan extensiones reducidas de tierra y dependen de la agricultura familiar para sostener sus hogares. Más que diferencias, encontró similitudes que le hicieron sentir que caminaba entre agricultores que compartían la misma historia.

En Lesoto, la propiedad de la tierra es similar, pero el aislamiento es el mayor enemigo. “Cuando visitamos a la cooperativa agraria Intirun Pachata Micuchisun - INPAMI y conocimos a sus productores, vimos que muchas familias trabajan parcelas de hasta 2 hectáreas. En Lesoto, el promedio es de una hectárea, si tienes suerte”, explica. La revelación no fue el tamaño del campo, sino la fuerza de la unión: el modelo cooperativo peruano.

 Sekila Molapo aún ve a sus vecinos enfrentar grandes limitaciones para acceder a tecnologías modernas y semillas de calidad. Por eso, conocer los sistemas para producir semillas sanas de papa en laboratorio y los cultivos sin tierra en el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y el Centro Internacional de la Papa (CIP) fue como descubrir una oportunidad concreta para transformar la producción de papa en su país. “Aprendí tres cosas fundamentales: modelo de negocio, innovación y emprendimiento científico”, señala, visualizando el momento en que estas herramientas lleguen a manos de los jóvenes de su asociación.

La historia de Sekila es también una historia de género y comunidad. Se asombró al ver la fuerte presencia de mujeres en las organizaciones peruanas, un pilar que también late con fuerza en Lesoto, pero que necesitaba nuevas ideas para florecer. “Ahora puedo volver y decirles a los míos: ‘lo estamos logrando’”. La diferencia ya no es el idioma, ni el español ni el sesoto, sino el conocimiento compartido que ahora viaja de regreso a África.

El intercambio técnico entre productores, instituciones y organizaciones permitió compartir experiencias sobre agricultura familiar, asociatividad e innovación para fortalecer el cultivo de papa en Lesoto. ©FAO/Freddy Candhumani

Una alianza que siembra futuro más allá de las fronteras

Esta experiencia entre Perú y Lesoto demuestra que la cooperación técnica puede convertirse también en un encuentro profundamente humano. Al conocer las políticas públicas, las experiencias asociativas y las tecnologías que posicionan al Perú como líder internacional en diversidad de papa, los delegados africanos regresan con nuevas herramientas, pero también con una certeza: que los desafíos y esperanzas de la agricultura familiar pueden ser compartidos incluso entre pueblos separados por miles de kilómetros.

Sekila lo resume con una frase que es ley en su tierra: “Nothing for the farmer without the farmer” (Nada para el agricultor sin el agricultor). El éxito de este intercambio no radica solo en las técnicas aprendidas, sino en el reconocimiento mutuo de que el campesino es el motor de cualquier nación. La papa nació en los Andes, pero su capacidad de unir naciones y transformar vidas como la de Sekila Molapo no conoce fronteras.

Más allá del aprendizaje, la misión permitió identificar oportunidades concretas de cooperación entre Perú y Lesoto. Las similitudes entre ambos países en agricultura familiar, producción de papa y condiciones de montaña muestran que muchas de las tecnologías, experiencias y buenas prácticas desarrolladas en el Perú podrían adaptarse a la realidad de Lesoto. Este intercambio constituye un primer paso hacia un proyecto de cooperación más amplio entre ambos países, en el que la FAO Perú podría facilitar el intercambio de conocimientos y la articulación con instituciones como el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y el Centro Internacional de la Papa (CIP), con el objetivo de fortalecer la producción de papa en Lesoto y contribuir a mejorar los ingresos y las oportunidades de sus agricultores familiares.