Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

Mujeres indígenas de Honduras son protagonistas de un futuro mejor para la producción de moras


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María Martínez, es una madre y productora rural de Honduras que busca nuevas oportunidades para sus cultivos.

FAO/Constanza Soudy

09/03/2026

Un programa de empoderamiento de mujeres rurales y de sostenibilidad ambiental de la FAO en Guajiquiro garantiza la participación de las mujeres desde el inicio en la definición de las acciones a implementar. 9 de marzo de 2026.- Antes de que salga el sol, María Martínez ya está despierta. En su comunidad, Palo Blanco, en el municipio de Guajiquiro, la jornada comienza temprano, especialmente en la temporada de cosecha de mora.

“Nos levantamos a las cuatro o cinco de la mañana para ir a cortar la mora. Todo el día lo pasamos allá”, cuenta.

María es mujer indígena lenca, madre y productora rural. Cultiva mora, maíz y frijoles, cría gallinas y pavos. Como ella, cientos de mujeres en Guajiquiro dependen de la mora para subsistir. Este fruto, que crece entre los bosques y las parcelas familiares, representa una de las principales fuentes de ingreso para las mujeres de la zona.

Guajiquiro es un municipio de montaña, frío y verde, donde el café y la mora se extienden por las laderas. Según las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas de Honduras (INE), el municipio cuenta con 15 495 habitantes, de los cuales 7 965 son mujeres, lo que representa el 51,4 % de la población. El 100 % de la población es rural y la mayoría pertenece al pueblo indígena Lenca. La vida cotidiana está estrechamente ligada a la tierra, los bosques y las fuentes de agua.

Sin embargo, durante años, el esfuerzo detrás de la cosecha no siempre se tradujo en mejores ingresos, ni en mejores condiciones de vida.

“La mora es un trabajo muy costoso. A veces tenemos que pagar ayuda para cortarla y, aun así, nos la pagan barata”, explica María. La venta a intermediarios, la falta de información sobre precios, el escaso acceso a mercados y la limitada participación de las mujeres en las decisiones comerciales marcaron durante mucho tiempo la realidad productiva.

Este escenario comenzó a cambiar cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) inició los primeros acercamientos en Guajiquiro, en el marco del Programa de Aceleración del Empoderamiento de las Mujeres Rurales y la Sostenibilidad Ambiental. Una iniciativa regional orientada a fortalecer la autonomía económica, social y ambiental de las mujeres rurales, promoviendo medios de vida sostenibles, igualdad de género y conservación de la biodiversidad.

En Honduras, el programa trabaja con comunidades indígenas y rurales en cadenas de valor como la mora, el café y el tule, en articulación con gobiernos locales, instituciones nacionales y organizaciones comunitarias. En Guajiquiro, el primer paso fue garantizar que las mujeres participaran desde el inicio en la definición de las acciones a implementar.

Por ello, antes de poner en marcha cualquier actividad productiva o formativa, la FAO impulsó un proceso de consulta orientado al Consentimiento, Libre, Previo e Informado (CLPI) con mujeres productoras lencas de las comunidades de El Bajillal, El Pinar, Palo Blanco y Pasguare. El proceso fue desarrollado conforme a la Política de Pueblos Indígenas y Tribales de la FAO y a estándares internacionales, entre los que se destaca el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“Para mí fue una gran satisfacción cuando nos explicaron que tenía que haber un proceso para que la mora se venda mejor y enseñarnos diferentes cosas”, recuerda María.

Durante las asambleas comunitarias, las mujeres pudieron informarse plenamente sobre el programa, deliberar colectivamente, expresar qué esperaban de él y bajo qué condiciones querían participar. En esos espacios hablaron de los desafíos ambientales y productivos, como la baja valorización del fruto y la dependencia de intermediarios para su comercialización.

El proceso culminó con la firma del Acuerdo de Consentimiento Libre, Previo e Informado, suscrito por las representantes de las mujeres de cada comunidad, la FAO y la municipalidad de Guajiquiro. Este acuerdo marcó un hito al establecer que las mujeres serían protagonistas en la planificación, el desarrollo de las acciones y al definir de manera conjunta las prioridades y compromisos para el trabajo en el territorio.

Firma del Acuerdo de Consentimiento Libre, Previo e Informado, suscrito por las representantes de las mujeres de cada comunidad, la FAO y la municipalidad de Guajiquiro. ©FAO/Constanza Soudy

A partir de este acuerdo, el programa comenzó a poner en marcha escuelas de campo con enfoque de género transformador, un componente clave del acompañamiento que la FAO desarrolla junto a las comunidades y socios, que integra a las mujeres, hombres y comunidades en los procesos de formación con el objetivo de incidir en los roles y empoderar a las mujeres.

A través de estos espacios de formación, las mujeres fortalecerán sus capacidades técnicas en producción sostenible, manejo agroecológico de la mora y diversificación de medios de vida. Al mismo tiempo, facilitarán el análisis y la reflexión colectiva sobre las normas sociales y los roles de género que han limitado la participación de las mujeres en la cadena de valor, promoviendo una mayor corresponsabilidad, empoderamiento y participación efectiva en la toma de decisiones.

La mora es uno de los principales cultivos de la zona montañosa del municipio de Guajiquiro. ©FAO/Constanza Soudy

Para María, el cambio ya se empieza a sentir.

“A mí me gustaría que pagaran mejor la mora, para un día ser diferentes, seguir adelante y ser mujeres emprendedoras, porque las mujeres somos mujeres luchadoras”, dice.

“Ahora ya los varones están poniendo manos en acción para también trabajar y ayudarnos a nosotras”.

Hoy María y otras mujeres lencas de Guajiquiro avanzan con una expectativa clara: construir una cadena de valor de la mora más justa, inclusiva y resiliente al clima, basada en el reconocimiento de su trabajo, su derecho a decidir sobre su territorio y futuro y garantizar una vida mejor para ellas y sus comunidades.

Las agricultoras desempeñan un papel decisivo a la hora de garantizar la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y erradicar la pobreza. Por este motivo, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2026 Año Internacional de la Mujer Agricultora.

A través de este programa, María y su comunidad están logrando empoderarse al mejorar el bienestar de las mujeres y sus hogares, reducir el hambre e impulsar la generación de ingresos, creando crecimiento económico, al tiempo que refuerzan la resiliencia de sus comunidades