Rita Parcco, guardiana de las semillas nativas del Perú
La agricultora de Apurímac fue seleccionada por la FAO entre las 100 Mujeres Heroínas de los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural. Su trabajo de conservación de cultivos nativos y los conocimientos heredados de sus antepasados contribuyen a preservar la biodiversidad agrícola y la alimentación de las próximas generaciones.
Rita Parcco, guardiana de las papas nativas y el saber ancestral. ©FAO/José Rubio
04/11/2026
Antes de que amanezca, Rita Parcco Pumapillo ya está despierta. Se coloca su sombrero de lana de oveja y los adornos de colores que elabora a mano con aguja. En su casa, en Lambrama, Apurímac, en Perú, prepara los alimentos que llevará al campo y atiende a sus animales antes de empezar la jornada. A sus labores vuelve cada día, sin distinguir domingos ni días festivos. Entre sus pequeñas parcelas, las semillas que guarda y los tejidos que elabora junto con otras mujeres de su comunidad, transcurre una vida ligada a la tierra y a los saberes que heredó de sus mayores.
Sin embargo, hay algo que hoy la inquieta: el clima. Cuando recuerda cómo eran las temporadas de lluvia y cómo han cambiado los ciclos que durante años orientaron la siembra, su voz se quiebra. En sus parcelas cultiva papa nativa, maíz, quinua, trigo, cebada, tarwi, oca y olluco. Para que estos alimentos lleguen a la mesa, necesita que las lluvias acompañen el trabajo. Pero ahora el calor es intenso y las precipitaciones son menos previsibles.
“Ahorita excesivamente calor”, dice. Son pocas palabras, pero detrás de ellas está la preocupación de quien conoce la tierra y sabe cuánto depende de la naturaleza. Sin infraestructura de riego, las familias de su comunidad esperan las lluvias para sacar adelante sus cultivos. Cuando el agua no llega a tiempo, no solo peligra la cosecha: también las semillas que Rita selecciona y conserva para la siguiente campaña.
“Nosotros salimos al campo, no hay ni domingo”, cuenta. Su frase describe el esfuerzo cotidiano de una agricultora que, además de cultivar, atiende a sus animales y prepara los alimentos de su familia. También hila lana y confecciona prendas y bordados con otras mujeres, especialmente para las celebraciones y los carnavales de febrero. Sus manos, acostumbradas a trabajar la tierra, conocen también los hilos y las técnicas que forman parte de las tradiciones de su comunidad.
Conservar las semillas, preservar los conocimientos
Después de cosechar las papas, Rita separa los tubérculos que servirán como semilla. Los conserva entre la paja para mantenerlos en buenas condiciones y los reserva hasta la próxima siembra. También intercambia variedades con otras familias para que continúen cultivándose y no desaparezcan. Es un trabajo paciente, que se repite campaña tras campaña y que requiere saber reconocer, seleccionar y cuidar aquello que permitirá volver a producir alimentos.
“Nosotros estamos siguiendo pasos de nuestro tatarabuelo, nuestras mamás”, explica. En esa frase está la razón por la que sigue conservando las semillas: no quiere que se pierda lo que aprendió de sus antepasados. Para Rita, estos conocimientos forman parte de la vida y de la alimentación de su familia. “Nosotros sano, comimos sano”, recuerda al hablar de los productos que cultiva y lleva a su mesa.
Ese compromiso también se expresa en la Zona de Agrobiodiversidad Paymakis, en Apurímac, donde Rita preside el Comité de Gestión que promueve la conservación comunitaria y la participación de las familias en el cuidado de su territorio. En la zona se conservan más de 97 variedades de papa, 24 de maíz, alrededor de 20 raíces y tubérculos andinos y más de 85 especies de plantas medicinales. Esta diversidad es parte de un patrimonio agrícola que se mantiene vivo gracias al trabajo de las familias agricultoras.
La conservación no depende únicamente de una persona. En la comunidad, prácticas como el ayni y la minka permiten que las familias se ayuden en las labores del campo. Cuando se le pregunta si estas costumbres siguen vigentes, Rita responde sin dudar: “Siempre, siempre”. La ayuda mutua, como el intercambio de semillas, forma parte de una manera de trabajar y de transmitir conocimientos entre generaciones.
Aun así, hay una preocupación que no la abandona. Sus cuatro hijos viven fuera de la comunidad por motivos de estudio o trabajo. Rita valora que hayan tenido esas oportunidades, pero piensa en el futuro de las semillas que ha cuidado durante años. ¿Quién continuará ese trabajo cuando ella ya no pueda hacerlo? La pregunta revela que conservar la agrobiodiversidad no consiste solo en guardar variedades: también significa lograr que los conocimientos sigan pasando de una generación a otra.
Con los cultivos de papa nativa, Rita y su comunidad preservan la biodiversidad andina, también son fiesta, comunidad y herencia. ©Cortesía del Instituto Nacional de Investigación Agraria
El trabajo de las mujeres que alimentan al país
Rita conoce el valor de compartir lo poco que se tiene. Durante la pandemia, recuerda, algunas familias regresaron a la comunidad sin alimentos y los niños lloraban de hambre. Quienes tenían algo para comer lo repartían con los demás, aunque sus propios recursos fueran escasos. Al recordar esa experiencia, expresa un deseo que habla de la solidaridad que considera necesaria: “Yo quisiera que piensen como yo, que tengan corazón”.
Su historia refleja el aporte de muchas mujeres agricultoras que sostienen la alimentación de sus familias, conservan la biodiversidad y transmiten conocimientos tradicionales. Su trabajo no termina con la cosecha: continúa cuando seleccionan semillas, intercambian variedades, participan en la organización de sus comunidades y enseñan a otras personas lo que aprendieron de sus mayores. Sin embargo, esa contribución esencial a los sistemas agroalimentarios no siempre recibe la visibilidad que merece.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) incluyó a Rita Parcco Pumapillo entre las 100 Mujeres Heroínas de los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, una iniciativa que recibió más de 600 nominaciones de más de 131 países. En el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, este reconocimiento pone en valor la contribución de las mujeres a la alimentación, la conservación de la biodiversidad y el desarrollo rural.
La candidatura de Rita fue impulsada por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), en reconocimiento a su labor en la conservación de cultivos nativos, los conocimientos tradicionales y las prácticas agrícolas que fortalecen la seguridad alimentaria.
Para Rita, el reconocimiento de la FAO también representa una oportunidad para que se escuche a las mujeres que trabajan en el campo y se reconozca la fuerza que hay detrás de sus labores cotidianas. “Si solo digo así, agricultora como soy, deberían ser fuertes, levantarse más”, expresa. Sus palabras llevan la experiencia de quien conoce el esfuerzo de cultivar y la responsabilidad de cuidar algo que no le pertenece solo a ella, sino también a quienes vendrán después.
Rita Parcco, mujer heroína en sistemas agroalimentarios. ©FAO/José Rubio
Cada vez que selecciona y guarda semillas después de una cosecha, Rita prolonga una historia que comenzó mucho antes de ella. Hoy, mientras el clima cambia y se pregunta quién continuará con esa tarea, sigue trabajando la tierra y compartiendo lo que sabe. En sus manos, las semillas nativas no son solo el inicio de una nueva siembra: son la posibilidad de que el conocimiento de sus antepasados y la diversidad agrícola de Apurímac sigan alimentando a las próximas generaciones.